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El adoctrinamiento en las aulas

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Es una falta de miras y de saber lo que realmente pasa en un centro de enseñanza pasmoso el hecho de pensar que la asignatura de Educación para la Ciudadanía suponga un grave adoctrinamiento que haga alumnos de izquierdas, futuros votantes del PSOE. La razón más patente es que cualquier profesor desde cualquier asignatura puede adoctrinar lo que le plazca. El profesor de matemáticas o el de inglés puede dedicar todos los días diez minutos de sus clases al discurso ideológico que le parezca conveniente. Pasamos muchísimas horas con los alumnos y hablamos con ellos de muchas cosas sin que exista control alguno sobre lo que les transmitimos. Si casi no hay control acerca de si damos realmente nuestros contenidos académicos, ¿qué control va a existir sobre adoctrinamiento ideológico?

En mis clases, no existe tabú alguno sobre temas a tratar y estoy encantado de debatir con cualquier alumno sobre cualquier tema que salga en el transcurso de la clase, sea políticamente correcto o no. He hablado con alumnos de temas como el adulterio, el aborto, la Iglesia, la homosexualidad, los transgénicos, el consumismo, el capitalismo, el comunismo, el derecho a huelga, el terrorismo, las protestas ciudadanas, los recortes en educación, Internet, el botellón, etc. Cuando lo hago distingo muy bien cuando estoy impartiendo contenidos (las diferentes teorías y posturas académicas acerca de los diferentes temas) y cuando estoy expresando mi simple opinión. Lo digo abiertamente: chicos, esta es mi opinión y podéis estar de acuerdo con ella o no, al igual que podéis estar de acuerdo con Aristóteles o con Rajoy. Eso sí, después de informaros bien y de forjar opiniones sólidas, pensadas y bien meditadas. Vería con una inmensa pena el hecho de que existieran temas sobre los que no se puede hablar porque eso es simple y llanamente censura. Y, en vez de eso, lo que me encantaría es que el profesor de la clase de al lado, también hablara de cualquier tema sin tabú alguno, expresando unas opiniones diametralmente opuestas a las mías. La educación pública no ha de buscar ser absolutamente aséptica y neutral (pues es imposible. El hecho de pretender serlo ya no es una postura aséptica y neutral) sino mostrar toda la riqueza y pluralidad de opiniones disponibles. Aquí está la riqueza y no en un discurso unívoco y unidimensional que, necesariamente, acabaría con el discurso crítico.

Lo que sí sería adoctrinamiento es que el Estado marcara pautas claras de lo que puede y no puede decirse o pensarse con un férreo control de lo que se dice y se hace en los centros. Eso se hace en Cuba o en China pero yo no he visto nada parecido en los centros en los que he trabajado. Y los ilusos e imbéciles que nos gobiernan creen que por cambiar los contenidos de una pequeña asignatura pueden controlar el pensamiento de los discentes. Si ahora, en Ciudadanía, hay que explicar un punto en el que se habla de los beneficios de la iniciativa empresarial al bienestar de la sociedad tal y como nos ha ordenado Wert, eso no va a producir, ni en los mejores sueños de Goebbels, un giro en las urnas. Y, siendo bienpensantes, ni siquiera va a conseguir que tengamos jóvenes con grandes aptitudes empresariales. Este es el absurdo debate político con respecto a Educación para la Ciudadanía: una total pérdida de tiempo causada por la ceguera de unos y otros.

Otro debate con algo más de sentido es el de la necesidad o no de una asignatura así. Yo pienso que no era necesaria y que lo que allí se enseña deberían ser contenidos trasversales de todas las demás asignaturas. Sería además, muy interesante, no que se tocaran de pasada, sino que se mezclaran fructíferamente con los contenidos propios de áreas tan dispares como las matemáticas o la biología. Creo que no estaría mal hablar de los derechos de los animales o del ecologismo como movimiento político en biología, así como, por ejemplo, hablar de los problemas matemáticos de toda ley electoral en las clases de matemáticas. No podría entender que profesores tuvieran reticencias a hacer algo así más que por la absurda obsesión de dar todo un temario muy concreto (hay que flexibilizar tantas cosas…). Así en todas las asignaturas, consiguiendo entre todos, formar a esos alumnos autónomos y críticos que queremos conseguir.

Me ha parecido una falta de altura política impresionante que el ministro Wert, acusando a la antigua Educación para la Ciudadanía de adoctrinadora e ideológica, lo que ha hecho no ha sido únicamente purgarla de aquellos contenidos susceptibles a la manipulación buscando una asignatura más neutra (cosa imposible como ya hemos dicho pero, al menos, habría buena intención) sino que lo que ha hecho es meter su ideología propia allí: la iniciativa empresarial. O sea, que acuso al PSOE de arrimar el ascua a su sardina, pero yo, en vez de sanear el asunto, hago lo mismo. Lamentable. Mediocridad en todos los sentidos.